Aromaterapia

Aromaterapia: La Guerra Contra los Insectos

Lic. Adrián Tucci*

Los productos insecticidas de uso cotidiano contienen peligrosas sustancias cuyos efectos a largo plazo son dañinos para el ser humano y el medio ambiente. Conozca sus efectos. Sepa cómo reemplazarlos con sencillos métodos usados tradicionalmente. La Aromaterapia enseña cómo utilizar los aceites esenciales, agradables e inofensivos y de gran utilidad para ahuyentar o eliminar hormigas, mosquitos, cucarachas y otras alimañas.

Terminamos la casa un 19 de diciembre. Esa primera noche no pudimos dormir. No por la excitación de la alegría sino por un motivo mucho más banal: los mosquitos. La segunda noche sí dormimos, pero semiahogados por el humo de las espirales. A la mañana siguiente nos levantamos con un tremendo dolor de cabeza. Nuestros vecinos no tenían ese problema: rociaban toda la casa con un insecticida en aerosol ampliamente publicitado. En esos días vimos una película que se desarrollaba en el Amazonas y una de sus escenas me inspiró la solución: el mosquitero de tul.

Compramos un aro de mimbre y unos metros de tul, lo cosimos fruncido formando un gran tubo, lo cerramos por un extremo donde insertamos el aro de mimbre y lo colgamos arriba de la cama. Por las noches uno se mete dentro del tubo y lo va desplegando hasta que queda toda la cama cubierta. Solución sencilla, ecológica y hasta romántica. Sin venenos.

Es que no estamos informados sobre los riesgos que entrañan los insecticidas químicos. Recién después de 40 años de amplio uso del DDT se dio a conocer su peligrosidad para la salud y el medio ambiente.

Los productos de hoy en día contienen una mezcla de metoxicloro y diclorvos. El metoxicloro es más mortífero para las moscas que el DDT y para los mamíferos – incluido el hombre – es de 25 a 50 veces menos venenoso.

Los diclorvos o DDVP son organofosforados parientes de los gases usados en la guerra: Soman, Sarin y Tabun. Su efecto se basa en el mismo principio de éstos: impide la conducción de los estímulos nerviosos y los insectos mueren a causa de la parálisis respiratoria.
La eliminación de estas sustancias venenosas en el ser humano se produce a través del hígado. No conocemos los efectos a largo plazo ni tampoco los de las combinaciones con otras sustancias.

Por otra parte, cada año se venden más de 770.000 toneladas de insecticidas en aerosol, un 80% de los cuales se pierde en el aire sin objetivo alguno. Ascienden a las capas superiores de la atmósfera donde actúan disminuyendo el ozono. Como sabemos, la función de la capa de ozono es filtrar la radiación ultravioleta, cuyo exceso es dañino para toda forma de vida.

Otra sustancia peligrosa es la naftalina – tan inocente en apariencia – es muy volátil y se absorbe por los pulmones o la piel. Se han estudiado ya diversos casos de envenenamiento caracterizados por daños en los riñones, el hígado y la sangre. Es pariente del benceno, el benzatrexeno y el pirobenceno, ampliamente reconocidos como cancerígenos.

Frente a esta parafernalia de la guerra química contra los insectos, que termina intoxicándonos mientras los bichos se mueren de risa, sería bueno retornar a métodos tradicionales, sencillos e inocuos.

La Aromaterapia nos ofrece una gama de elementos, la mayoría de ellos agradables, todos inofensivos y hasta provechosos para la salud.

Unas gotas de aceite esencial de citronela en el trapo de piso dejarán en la casa un aroma cítrico y ahuyentará moscas y mosquitos. Quemado en el hornillo produce el mismo efecto. También se venden velas y aceite combustible para antorchas con citronela para usar en patios y jardines.

Como repelente corporal, se pueden usar directamente sobre la piel geranio o lavanda que la dejarán más suave y tersa.

La lavanda ahuyenta a las polillas y a las hormigas. Si rociamos las prendas con una emulsión de agua y lavanda o alcohol y lavanda, las protegeremos contra la polilla. También en el ropero se pueden poner bolsitas con flores y hojas de la planta.

Los cajones donde se guardan papeles o ropas de hombre se pueden frotar con unas gotas de aceite esencial de cedro que tiene un aroma masculino.
Para los piojos se utiliza una mezcla de lavanda, romero y geranio. Tiene un olor muy rico y evita los productos tóxicos que aplicamos con tanta ligereza olvidando que el cuero cabelludo está tan cerca del cerebro.

Las plantas apestadas se pueden rociar con geranio o con tea tree, incluso los frutales, sin ningún riesgo. Si están con frutos, éstos se podrán ingerir inmediatamente, pues carecen en absoluto de toxicidad.
La Aromaterapia es arte y ciencia de la Naturaleza que siempre nos provee todo lo que necesitamos si sabemos mirarla y contemplarla.

* Director del INSTITUTO ARGENTINO DE TERAPIAS NATURALES